domingo, 27 de junio de 2010

The Cerne Giant. El gigante de Cerne


THE CERNE GIANT
Sherborne and Dorchester are two towns in the south of England that are quite near each other. On the road between them, there are a lot of green hills and fields. On one of these hills is a picture of a very large man. The man in the picture is called the 'Cerne Giant' because the village that is next to him is called Cerne.
Nobody really knows when the 'Cerne Giant' was made, but people think that it was a very long time ago. To get nearer the picture, you can walk from Cerne. If you go on the first of May when the sun comes up, you will see all the people from the village dancing around the man on the hill.

EL GIGANTE DE CERNE
Sherborne y Dorchester son dos ciudades del sur de Inglaterra, que están muy cercanas una de la otra. En la carretera que las une, hay muchas colinas y campos muy verdes. En una de esas colinas hay un dibujo gigantesco de un hombre. Lo llaman el "Gigante de Cerne" porque el pueblo más cercano se llama Cerne. Nadie sabe realmente cuando se pintó, pero la gente piensa que fue hace mucho tiempo. Algunos hablan de un dibujo prehistórico o de la época neolítica. Según otras versiones, el dibujo se podría datar en el siglo XVII, durante la dictadura republicana de Oliver Cromwell. Para llegar hasta allí, se puede llegar andando desde Cerne. Si se visita el primero de Mayo, hay una curiosa festividad local. La gente baila al amanecer alrededor de el "gigante".

MUSICA TRADICIONAL EUROPEA (2)

domingo, 20 de junio de 2010

La division de Belgica

¿EL FINAL DE BÉLGICA?
Esta es la pregunta que todos se hacen después de la reciente victoria en las elecciones legislativas del partido Nueva Alianza Flamenca. Esta coalición, dirigida por Bart de Wever, nunca a ocultado su orientación separatista. Aunque han ganado las legislativas, están lejos de dominar completamente el panorama político belga. Con un 30 % de los votos y 25 de 150 escaños, los nacionalistas flamencos necesitan pactar para llevar adelante sus reformas.
El NAF no ha escondido nunca sus deseos separatistas. La comunidad flamenca, que goza de una economía próspera, aspira a un autogobierno cada vez más amplio. Sin embargo, es difícil de creer que Wever proclame la independencia de Flandes. Más bien buscan convertir a Bélgica en una confederación al estilo suizo, que les dote de un amplísimo autogobierno.
Bélgica esta a punto de cumplir 180 años como estado. Se independizó el 4 de octubre de 1830 de sus dominadores holandeses. La historia de Bélgica es una larga historia de dominación y de diversidad de comunidades.

Cuando Julio César invadió el norte de la Galia, la bella planicie donde desembocan los ríos Mosa y Escalda fue denominada Bélgica (tierra de los Belgorum). El territorio solo fue romanizado en su zona sur, justo la actual zona de los valones (francófonos). El norte quedó bajo influencia de las tribus germánicas. Tras la caída del Imperio Romano, la zona se convirtió en uno de los centros políticos y económicos del Imperio Carolingio. Con el fin del Imperio Carolingio, Bélgica quedó en manos del Reino de Borgoña. A lo largo de la Edad Media, la economía de la zona creció considerablemente, convirtiéndose en un centro comercial y de producción textil de primer orden. La refinada corte borgoñona embelleció las ciudades, sufragó artistas y dotó a la región de una prosperidad única en Europa, solo igualada por Italia. Pero al ser una zona situada en la confluencia de dos poderosos estados, el Reino de Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico de los Habsburgo, acabó siendo una codiciada pieza, junto a su vecina Holanda. El territorio belga se hallaba muy fragmentado, con ciudades libres como Amberes, Brujas y Gante, el obispado de Lieja, y los ducados de Flandes, Brabante y Luxemburgo. Al norte de Bruselas el idioma predominante era el holandés, al sur el francés. La herencia de Carlos V convirtió a la totalidad de los Países Bajos en un dominio de la Monarquía Hispánica. El recuerdo del gobierno español no puede ser más negativo. Los holandeses, de religión protestante, se rebelaron y lograron su independencia definitiva a principios del siglo XVII. Sus vecinos flamencos y valones siguieron bajo dominio español y con predominio de la religión católica, después de una fuerte represión. Después pasaron por manos austriacas y francesas. Después de las Guerras Napoleónicas el territorio fue cedido a Holanda, que creó un gran Reino de los Países Bajos. Sin embargo, los actuales belgas se sintieron marginados por los holandeses, debido a su escasa participación en los órganos de gobierno y los cargos del nuevo reino. En 1830 se rebelaron contra el gobierno de Amsterdam. La victoria belga vino determinada por el apoyo de franceses y británicos. La Francia de Luis Felipe de Orleans apoyaba a sus hermanos valones, con el secreto deseo de anexionarlos en el futuro. Gran Bretaña miraba más allá. Bélgica sería el estado tapón que evitaría la presión de alemanes y franceses en la zona, además de un excelente aliado en el continente. Por eso los británicos convirtieron la protección de Bélgica en uno de los ejes principales de su política europea. El nuevo estado se constituyó en monarquía y la corona fue ocupada por el alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo, tío de la reina Victoria de Inglaterra. El francés fue escogido como lengua oficial, ya que Valonia era más rica y prospera que Flandes. La minas de hierro y carbón y las fábricas estaban en el sur, y Flandes vivía una lenta decadencia, mientras Valonia acometía su propia revolución industrial. A nadie le pareció extraño, por tanto, que el francés fuera la lengua obligatoria de los burócratas y políticos de Bruselas. Pero la historia de Bélgica dio muchas vueltas. Después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial (ambas con invasión alemana incluida) Bélgica estaba completamente destrozada. La reconstrucción del pequeño estado vino acompañada de una reconversión generalizada de los sectores industriales, que a partir de los años cincuenta comenzó a dejar desierta Valonia. Sin embargo, los flamencos crecieron económicamente y llegaron a ser los principales aportadores financieros del país. Había llegado por tanto, el momento de reclamar su lugar en Bélgica. Las leyes lingüísticas de 1963 definieron el ámbito y la oficialidad de las tres lenguas habladas en el país (flamenco o neerlandés, francés y alemán). La reforma constitucional de 1994 creó un estado federal con tres zonas lingüísticas y una capital federal donde convivieran todas las lenguas. Pero el crecimiento de Bruselas y la absorción de las ciudades circundantes, llenas de burócratas francófonos, fue denunciado por los flamencos como una traición.

A día de hoy, un país con una extensión semejante a Cataluña (30.500 km2) y una población de algo más de diez millones de habitantes, posee dos comunidades que parecen incapaces de entenderse. La supervivencia del país pasará por establecer un nuevo estatus para Bruselas y los alrededores, así como la construcción de un estado confederal. Si no se logra un marco de convivencia, podemos dudar de la viabilidad de un estado que debe presidir la Unión Europea el próximo semestre.
Imágenes:
Pegatina de una asociación defensora de convivencia entre comunidades.
Mapa de las comunidades lingüísticas belgas (Wikipedia)
Imagen de una manifestación a favor de la unidad belga. Aparece la bandera del estado con un mensaje en las tres lenguas oficiales.

viernes, 18 de junio de 2010

Crisis en Grecia


Los mercados financieros hunden un país.
ACOSO A GRECIA
Grecia, miembro de la Unión Europea, uno de los países que adoptó el euro, cuna de la civilización occidental, vive uno de sus momentos más bajos. En el año 2009, la Unión Europea avisó al gobierno griego de que sus cuentas no estaban nada claras. Grecia forma parte del "Eurogrupo" (países con euro) y por tanto debe presentar claramente sus datos económicos. En octubre del mismo año, el nuevo gobierno de Atenas (dirigido por el socialista Yorgos Papandreu) denunció que el anterior gobierno conservador había ocultado las cuentas. El resultado era catastrófico. Grecia tenía un déficit que superaba su PIB y estaba a punto de entrar en bancarrota. Durante el año 2010, el caso griego ha traído de cabeza a toda la Unión Europea. No se trata sólo de un socio en apuros, se trata de un socio que comparte moneda con gigantes como Alemania o Francia. Los especuladores de la City londinense encontraron la puerta abierta para la ganancia fácil. Los griegos dependían de una inmensa deuda pública financiada con bonos, y estos fueron degradados por agencias de calificación (Moody, Standard&Poors) y atacados por especuladores que buscaban ganar dinero fácil con la caída del euro. La vida y el futuro de millones de personas se convirtió en un inmenso campo de juego donde se podían ganar miles de dólares. Cuanto peor les fuera a los griegos, más ganancias para algunos. La Unión Europea, muy a regañadientes, aprobó un plan de ayuda para Grecia. Pero no se trataba de una ayuda incondicional. A cambio, el gobierno socialista de Atenas debía realizar una salvaje reforma que afectaba a las pensiones, los sueldos, los contratos de trabajo y toda la política social. El resultado de esta especulación salvaje era la total destrucción del poco estado del bienestar que los griegos habían sido capaces de construir. El pueblo griego realizó siete huelgas generales casi seguidas. En una de las manifestaciones murieron tres personas. Después llegaron los ataques a la deuda de España y Portugal. Todos los países europeos están endeudados en mayor o menor medida, pero parece ser que algunos son presa fácil para los especuladores que buscan debilitar la moneda común.
El resultado de todo este proceso es inquietante. Los mercados han sido capaces de poner contra las cuerdas a gobiernos elegidos democráticamente, obligándoles a variar las políticas que prometieron en sus programas electorales y a eliminar conquistas sociales adquiridas. Si esto se generaliza, significará la muerte de la democracia como tal. Cuando los votantes acudan a las urnas, nunca podrán saber cuál es la política que están votando y escogiendo, ya que podría ser variada por la presión de los mercados. El gobierno socialista español, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, ha realizado uno de los recortes sociales más salvajes de toda la historia democrática española, acompañado de una reforma laboral que daña muchos de los derechos adquiridos por los trabajadores. Todo ha sido una "exigencia de los mercados". El FMI, el Banco Mundial, la propia UE y oscuros clubs como Bilderberg, aplauden estas medidas. Por otro lado, los países pierden margen de maniobra.
Resulta muy difícil concebir un estado sin déficit. Todos lo tienen. El Estado no debería ser un negocio, sino una fuerte apuesta por la mejora social. En cierta medida, todos los estados deberían gastar mucho para fomentar su economía. Esto es lo que dice el keynesianismo clásico. Pero parece que sus medidas hubieran sido aparcadas. Porque a partir de ahora, todas las crisis provocadas por especuladores financieros podrían saldarse con más perdida de derechos sociales. Porque la mucha o poca deuda que los estados emitan para financiar sus políticas, puede ser utilizada como inmensas cuerdas de marioneta que les obligue a obedecer dictados externos. Muchas preguntas quedan en el tintero. ¿Cómo es posible que un miembro de la UE como el Reino Unido albergue a los que atacan la estabilidad de la unión? ¿Por qué los países más duramente atacados son los que poseen gobiernos de izquierdas? ¿Por qué no se generaliza el modelo escandinavo de fuertes impuestos para no depender de bonos de deuda? Las cosas están así, algunos juegan y otros pagan las deudas. La crisis debería ser la oportunidad para reformar un sistema financiero internacional que deja total libertad para jugar con el dinero provocando trágicas consecuencias. Pero en lugar de esto, todo apunta a que la crisis es otra gran oportunidad para disminuir costes y aumentar ganancias.

martes, 15 de junio de 2010