viernes, 18 de marzo de 2011


Una imagen.
JAPÓN: ENTRE EL DESASTRE Y LA CONTRADICCIÓN.
Una joven japonesa llora entre las ruinas de su barrio, en la ciudad de Natori. Esta ciudad fue una de las más afectadas por el tsunami que siguió al terremoto del pasado 11 de marzo de 2011. A su alrededor sólo hay escombros y ese frágil equilibrio de los edificios semiderruidos que sobreviven a la catástrofe. Esta imagen llena de dolor a dado la vuelta al mundo. Y ha sorprendido especialmente porque no se trata de países como Haití, Filipinas o Indonesia, países pobres dónde este dolor se acepta casi como "normal".
En torno a las dos de la tarde, un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter y con epicentro en las profundidades del pacífico, hizo temblar la tercera potencia económica mundial, y en especial su costa Este. Fue seguido de un fuerte Tsunami que se abatió sobre la costa noroeste del país, arrasando ciudades enteras. El terremoto cortó el flujo de energía eléctrica y paralizó la actividad de diez centrales nucleares, afectando especialmente a la de Fukushima, que posee seis reactores. Tres reactores de la central acabaron entrando en fusión, generando el peor accidente nuclear de la historia desde Chernobyl. A día de hoy se contabilizan cerca de 7000 muertos y más de 10.000 desaparecidos.
Las imágenes llegadas en los últimos días desde Japón han abierto una profunda reflexión en las sociedades occidentales sobre nuestra seguridad en caso de tragedia. Japón es la tercera potencia económica mundial, detrás de Estados Unidos y China. Un país que posee el índice de investigacion y desarrollo tecnológico más alto del mundo, se ha visto rebasado por unos acontecimientos naturales que tampoco eran inusuales en el país. Japón es uno de los países del mundo con mayor actividad sísmica. El archipiélago está situado sobre la zona donde la corteza oceánica del Pacífico se hunde bajo la corteza continental asiática (falla de subducción). Para los japoneses, un terremoto o un tsunami (palabra japonesa), forman parte de su vida diaria, pero no esperaban la dureza de este último. El gran dragón económico de Oriente, que fue capaz de crecer desde las cenizas de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, es también una nación de contradicciones. Uno de los países más desarrollados del planeta posee una de las tasas de suicidio más altas, debido a la enorme competitividad de la sociedad y el miedo al fracaso. El país que sufrió las dos primeras y únicas explosiones por bombas nucleares (Hiroshima y Nagasaki en 1945) tiene un miedo reverencial a todo lo que suene a nuclear. Cada 6 de agosto, el país se paraliza para conmemorar la matanza nuclear en estas ciudades. Sin embargo, el país posee más de 80 centrales nucleares, siendo uno de los primeros del mundo en este sentido, debido a su fuerte dependencia energética (no posee carbón ni petróleo). También existe una enorme contradicción entre el altísimo nivel tecnológico de un país que está a la cabeza de la robótica y la pésima respuesta del gobierno ante la catástrofe. Cualquiera podría hacerse miles de preguntas respecto a Japón. En un lugar con tal actividad sísmica ¿No pensaban que esto podría suceder alguna vez? ¿No se alertó hace cinco años en un informe sobre la falta de seguridad de algunas centrales en caso de terremoto? Es cierto que una central nuclear necesita ingentes cantidades de agua para refrigerar el núcleo de los reactores, pero colocarlas junto a la costa ¿no las hace muy sensibles a un tsunami? Son los propios japoneses, superada esta gran tragedia, los que tendrán que reflexionar y buscar respuesta a todas estas preguntas. Será algo difícil en un país donde el dinero, las grandes empresas y el mundo de los negocios, dominan la columna vertebral del país, desde la escuela a la política. Al resto del mundo le queda preguntarse si la energía nuclear es tan segura como nos dicen todos los días.
Imagen: Una joven llora entre las ruinas de Natori (AGENCIA REUTERS)

sábado, 12 de marzo de 2011

Revolucion Islandesa

ISLANDIA: LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA



REVOLUCIÓN DESDE EL HIELO

La fría Islandia no está todos los días en los medios de comunicación. Da la sensación de que los medios están ignorando deliberadamente lo que allí sucede, una auténtico revolución popular pacífica que se ha hecho con el control del país después del desastre económico. Islandia fue el primer país del mundo que declaró públicamente la quiebra debido a la crisis económica, en el año 2008. Y todo el proceso que ha venido después muestra una vía de cambio completamente diferente a lo que nos han querido vender como la "única alternativa posible".

Con tan sólo 103.123 kilómetros cuadrados (algo mas grande que Castilla y León) y 331.000 habitantes, la fría Islandia ha sido siempre uno de los paradigmas mundiales de prosperidad y bienestar. El año del desastre financiero(2008), el país encabezaba el ránking de Índice de Desarrollo Humano (IDH) que realiza la O.N.U. Esto significa que se consideraba el país cuya población vivía con mayor prosperidad. Resulta muy extraño que esta isla fría que carece casi por completo de riquezas naturales, sea uno de los países más ricos del mundo. La totalidad del territorio es tundra, ya que su clima es polar. No existen bosques y la superficie fértil dedicada a la agricultura es escasísima. La gran ventaja de este medio natural hostil es la importante actividad geotérmica (es una isla de origen volcánico) que garantiza su autosuficiencia energética. El 40% de su P.I.B. procede de la pesca, y el resto del turismo y la explotación minera.

En el año 2008, para sorpresa de todos, Islandia se derrumbó. Los tres bancos del país (Landsbank, Kaupthing y Glitnir) se declararon en quiebra, debido a las actividades especulativas que habían realizado en el mercado internacional. Los tres debían enormes cantidades de dinero a Gran Bretaña y Holanda, y los ahorros de los islandeses habían desparacido. Era el ejemplo claro del fracaso del neoliberalismo salvaje y sin control que había imperado en los últimos años en todo el mundo occidental. Los bancos islandeses se habían visto salpicados por los famosos bonos basura de Estados Unidos. La deuda total equivalía a todo el P.I.B. del país multiplicado por cinco. Ese aciago mes de octubre de 2008, la bolsa de Reikiavik cerró sus puertas, porque no tenía nada que negociar. El escándalo sacudió este pequeño país, y el gobierno conservador, presidido por Geir H. Haarden, obtuvo permiso del parlamento para nacionalizar temporalmente los bancos. El país estaba en bancarrota. Haarden solicitó un préstamo de 2.100 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, y sus "paises hermanos" nórdicos le prestaron otros 2.500 millones. Las famosas y polémicas agencias de calificación, como Moody's o Standar and Poor, elevaron la peligrosidad de la deuda islandesa al límite.

La situación de bancarrota indignó a la población islandesa, que salió a la calle. Comenzaron intensas jornadas de protestas en medio de uno de los inviernos más duros del mundo. Las protestas se sucedieron durante semanas. La población exigía responsabilidades políticas porque nadie había sabido preveer esa situación. Se convocaron sentadas, pitadas, caceroladas y manifestaciones multitudinarias (algo insólito en un país tan poco poblado) en las dos grandes ciudades del país, Reikiavik y Akureiri. Se estaba gestando un movimiento pacífico que pretendía regenerar la democracia y recobrar el control cívico del país. El 23 de enero de 2009, el gobierno conservador dimitió en bloque y convocó elecciones anticipadas. El 25 de abril se celebraron las elecciones, con una victoria notable de la izquierda. La alianza socialdemócrata (Samfylkingin) y la izquierda verde (Vinstry Hreyfingin) formaron un gobierno en coalición que les garantizaba la mayoría absoluta en el parlamento islandés (Alpingi). El gobierno lo encabezaba la socialista Jóhanna Sigurdardottir, famosa por su activo feminismo y lesbiana reconocida. Era el primer caso en el mundo de un primer ministro que fuera una persona homosexual reconocida, lo que muestra lo avanzado de la sociedad islandesa.

El gobierno se encontró con una situación crítica. La deuda era impagable y había que buscar una manera de financiar el país, si se quería mantener el nivel de bienestar. El nuevo parlamento propuso la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda apelando a la solidaridad civil. Si cada familia islandesa aportaba una cierta cantidad, se podrían conseguir 3.500 millones de euros. Sin embargo, la población no estaba dispuesta a pagar los platos rotos otra vez y las manifestaciones volvieron a la calle. No entendían la razón por la que tenían que hacerse cargo de unas deudas generadas por los bancos. En marzo de 2010, el 93% de los islandeses rechazaron en referéndum esta propuesta, lo que significaba el rechazo "a pagar la deuda". El mundo financiero internacional recibió muy mal las noticias que llegaban desde la isla. El F.M.I. congeló todas las ayudas económicas destinadas al gobierno de Reikiavik. Los gobiernos de Washington, Londres y Amsterdam, avisan al gobierno islandés de las graves consecuencias de esta decisión, algo que no asustó a los islandeses. La primera medida del gobierno fue detener a los antiguos dirigentes y ejecutivos de los tres bancos, ahora nacionalizados. Se les acusó de provocar la bancarrota y se inició un proceso contra ellos. Era la primera vez que en un país del mundo se metía presos a los banqueros, en lugar de premiarlos. Mientras en muchos otros países (incluida España) se salvaban todos los bancos con dinero de los contribuyentes, sin pedir nada a cambio, en Islandia se les exigía responsabilidades. La "revolución islandesa" comenzaba a tomar forma.

Hacía falta crear un sistema político que evitara que este desastre se volviera a repetir. Islandia tenía vigente una vieja constitución que no era mas que una copia de la danesa, y databa de su independencia de Dinamarca en 1944. El gobierno abrió un proceso constituyente para redactar una nueva carta magna. La nueva asamblea constituyente incluye una notable novedad, además de representantes políticos, también hay ciudadanos de a pie, escogidos al azar entre todos los habitantes. Por tanto, se buscaba una ley que representara a la población. El primer borrador ya ha sido sometido a discusiones en asambleas realizadas a lo largo y ancho de todo el país. Se recogieron iniciativas populares. Se aprobó una ley que garantiza el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio. Se creó también una iniciativa que garantizase la total libertad de expresion, la llamada Iniciativa Islandesa Moderna para los medios de Comunicación (IMMI). Uno de los puntos más polémicos de esta ley fue el apoyo sin fisuras al periodismo de investigación y a la publicación de documentos relevantes sin trabas. Con esta ley en la mano, Julian Assange de Wikileaks podría encontrar en Islandia el país ideal para residir. Esta ley procede de la sospecha de que los medios de comunicación islandeses ocultaron la situación financiero aunque la conocían. También se ha solicitado oficialmente la integración de Islandia en la Unión Europea, quizá el mayor error de la "nueva Islandia".

El intenso proceso para refundar la democracia islandesa continúa, pero los medios de comunicación occidental lo han silenciado. A los poderes fácticos del mundo occidental (bancos, organizaciones financieras, partidos políticos...) no les interesa que se sepa que existe una alternativa al sistema imperante, y que no procede de una revolución aislada en un país en vías de desarrollo. La alternativa procede de uno de los países más desarrollados, prósperos y democráticos del mundo.

Imágenes.

-Manifestación nocturna en Reikiavik.

-Mapa de la situación de Islandia.

-Cacerolada

-Johanna Sigurdardottir.

-Manifestación en Reikiavik. Un muñeco con traje, que simboliza un banquero, colgado.

-Manifestación en Reikiavik.

martes, 8 de marzo de 2011

Una imagen
CARNAVAL DE VENECIA
Con el permiso de Brasil, el carnaval de Venecia es probablemente el más hermoso del Mundo. Frente a la exuberancia de los latinos, Venecia exhibe una contención llena de misterio y belleza. Según una antigua tradición, compartida con otros lugares, el carnaval servía para igualar los estamentos sociales. Detrás de las máscaras, patricios y plebeyos se mezclaban entre la música, la bebida, el baile y el desenfreno.
El orígen de la festividad podría ser muy antiguo, ya que se puede rastrear en el siglo XIII. El carnaval fue una gran fiesta cuando la Serenísima República de Venecia dominaba el Mediterráneo con sus barcos. Pero la decadencia política también afectó a las fiestas. En el siglo XVIII, este festejo entró en declive hasta casi desaparecer. De hecho, el mismísimo Napoleón prohibió su celebración, temeroso de posibles tumultos. El carnaval solo fue restablecido en el siglo XX. Los venecianos han sabido conservar la estética del siglo XVIII. La máscaras dieciochescas son un componente esencial del carnaval de los canales ("maschera nobile"), con su típico color blanco con adornos dorados o plateados. Sin embargo, los trajes han ido ganando en excentricidad con el paso del tiempo, sustituyendo a la antigua capa negra de seda con capucha. El carnaval tiene una duración de diez días. Durante las noches se realizan bailes en salones y por el día las comparsas ("Compagnie della Calza") realizan desfiles por la ciudad. Es un carnaval elegante y silencioso, en comparación con otras latitudes. Un carnaval acorde con la belleza arquitectónica que le rodea.
Imagen: Wanblee

miércoles, 2 de marzo de 2011

Historia Contemporánea de Libia.

Historia Contemporánea de Libia.
LIBIA: DE LA REVOLUCIÓN A LA FARSA.

En el momento de escribir estas líneas, el estado libio vive una guerra civil. Muammar el Gaddafi, dictador durante más de cuarenta años, resiste en Trípoli. Los rebeldes, ondeando antiguas banderas de la monarquía libia, han ocupado las principales ciudades del oeste del país y avanzan sobre la capital. El resultado es una catástrofe humanitaria. Miles de ciudadanos libios huyen del país por las fronteras de Túnez y Egipto. Las revueltas comenzaron durante el mes de enero de 2011, como un eco de la caída de Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto. Cercado por gobiernos rebeldes, la situación en Libia acabó estallando. Las redes sociales como Facebook han jugado un papel sustancial, pero también el descontento de la juventud urbana ante un régimen dictatorial, así como la pobreza que afecta a buena parte de la población. El dictador que dirigió su "revolución" esta participando de manera histriónica en el espectáculo mediático de su propia caída, con apariciones extravagantes y estrambóticas en televisión. Sus hijos, especialmente el ambicioso Saif el Islam, han amenazado con un baño de sangre. En estos momentos, los bombardeos contra la población continuan, mientras los rebeldes tratan de llegar a la capital.

INDEPENDENCIA DE LIBIA

Después de ser provincias del Imperio Otomano durante cuatro siglos, los territorios históricos de Cirenaica y Tripolitania fueron ocupados por Italia. Los italianos habían llegado tarde al reparto colonial debido a su proceso de unificación. La pérdida de Túnez frente a Francia en 1881, fue una humillación para los italianos, que tenían miles de colonos en dicho territorio. En la Conferencia de Berlín (1884-1885) la poderosa Alemania recién unificada obtuvo numerosas ventajas coloniales en África, pero no Italia, que era vista como una potencia débil. La expansión de Italia en África se convirtió en asunto prioritario para su gobierno. En 1912 estalló la Guerra Italo-Turca. El decadente Imperio Otomano no pudo resistir la embestida italiana. Los italianos convirtieron las provincias de Tripolitania y Cirenaica en su colonia de Libia. El territorio no era especialmente rico. La agricultura sólo era posible en las costas, ya que la mayor parte del territorio era desértico. Los nativos fueron expulsados de las tierras fértiles y obligados a trasladarse al interior para dejar paso a los colonos italianos. Esto fue el inicio del odio y la resistencia contra los italianos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Libia se convirtió en un importantísimo campo de operaciones. El África Korps del alemán Rommel intentó doblegar Egipto, pero no lo logró. La derrota de Rommel significó la ocupación de Libia por parte de tropas anglo-francesas. Ni Francia ni Gran Bretaña habían mostrado gran interés en este territorio desértico, por lo que se preparó su descolonización con ayuda de la ONU. En 1951, el viejo jeque Sidi Idris, que había colaborado con los aliados, se convirtió en rey de Libia. Fue uno de los primeros países africanos que lograron su independencia. El nuevo monarca mantuvo una alianza total con los países occidentales, a los que cedió la total explotación de las materias primas. En el interior se gobernó con un sistema medieval que primaba el poder de los clanes tradicionales. Pero los cambios económicos trajeron cambios políticos. Las explotaciones petrolíferas y el influjo de las compañías extranjeras generaron nuevas clases medias urbanas que no se identificaban con una monarquía medieval. Los trabajadores del sector petrolífero, cada vez más numerosos, reclamaban una mejora de sus condiciones laborales.

GOLPE DE ESTADO Y REPÚBLICA DE GADDAFI
En 1969, el ala más izquierdista y nacionalista del ejército derrocó al rey y proclamó la república. El general Gaddafi, un absoluto desconocido, se hizo cargo de la presidencia del gobierno. Desde su cargo, Gaddafi logró el poder absoluto e inició la construcción de un estado que pretendía tener orientación socialista y revolucionaria, conocido como Jamairiya (Estado de las Masas). Este supuesto estado socialista no logró nunca la igualdad y properidad que pretendía conseguir. Comparada con el Egipto de Nasser, la "revolución libia" acabó siendo un fiasco. La política exterior plantó cara a los Estados Unidos y las potencias europeas. El régimen libio colaboró con el terrorismo islámico anti-occidental, además de desplegar una activa política en África, con una intervención a gran escala en Chad. La gota que colmó el vaso fue el atentado contra el vuelo 103 de la Pan Am, que se estrelló sobre la ciudad escocesa de Lockerbie en 1988 y provocó 259 víctimas. Las investigaciones apuntaron al régimen libio como responsable. A pesar de las numerosas amenazas de Estados Unidos, el régimen de Gaddafi se negó a colaborar con la justicia internacional, por lo que fue sometido a todo tipo de sanciones. En 1989, aviones americanos bombardearon las principales ciudades libias, provocando miles de muertos, entre ellos una hija del dictador. Libia intentó iniciar un programa nuclear clandestino que resultó un fracaso. El aislamiento y las sanciones acabaron debilitando a un régimen que subsistía de la venta de petróleo a occidente. En 1999, Gaddafi permitió la extradición de dos ciudadanos libios para que fueran juzgados en Gran Bretaña por el atentado de Lockerbie. Las sanciones se fueron levantando progresivamente. Gaddafi condenó rápidamente los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Además anunció indemnizaciones para los familiares de las víctimas del atentado de Lockerbie. La vuelta de Gaddafi a occidente se formalizó por la puerta grande. Visitas de Berlusconi, Toni Blair, Jose María Aznar y Condoleeza Rice dejaron claro que ya no era un régimen paria. Fueron años de alianza total con occidente y jugosos contratos del gobierno libio con importantes empresas petrolíferas de España, Francia, Alemania e Italia. Gaddafi se convirtió en el líder estrambótico del mundo árabe. Viajaba con una corte de "vírgenes" y acampaba en su propia jaima en medio de las ciudades europeas. Sus hijos derrochaban dinero en el Casino de Montecarlo o jugaban en equipos italianos de Primera División a cambio de jugosos sobornos. La bandera verde de la "revolución árabe" ya solo simbolizaba la riqueza de la familia Gaddafi.
REBELIÓN CONTRA GADDAFI
El estallido popular árabe de principios de 2011 no podía dejar sobrevivir a Libia. El famoso "Estado de las Masas" no había sido capaz de garantizar la prosperidad de la población. A pesar de que el informe de IDH (Índice de Desarrollo Humano) de la ONU, colocaba a Libia en el puesto 53 (el primero de África) el descontento popular era patente. Una minoría nacida en torno a la familia del dictador controlaba las riquezas del petróleo. Los hijos de Gaddafi hacían una obscena ostentación de sus riquezas en Europa. A día de hoy, todavía no sabemos el desenlace, pero es muy probable que Gaddafi pueda acabar sus días sentado en el Tribunal Penal Internacional por bombardear a su propio pueblo. A día de hoy, las antiguas banderas tricolores de la monarquía sustituyen a las verdes de la "Jamairiya". Y no porque los libios añoren la monarquía. Esta bandera simbolizaba la lucha contra los italianos y, ahora también, la lucha contra la dictadura.

Historia Contemporánea de Egipto

Historia Contemporánea de Egipto.
EGIPTO: DE PACHÁS A DICTADORES.

En las últimas semanas, Egipto ha vivido una de las jornadas más cruciales de su reciente historia. Las manifestaciones populares en varias ciudades del país, especialmente la acampada masiva en la plaza Tahrir de la capital, han dado al traste con la dictadura de Hosni Mubarak, una dictadura que duraba ya más de treinta años. El milenario Egipto, cuna de una de las civilizaciones más brillantes de la historia de la humanidad, se convirtió en la época contemporánea en una pieza más de la política imperialista llevada a cabo por europeos y norteamericanos. Egipto tiene una de las posiciones estratégicas más importantes del mundo, ya que controla el Canal de Suez, que permite el acceso a Oriente Medio, la mayor zona productora de petróleo del planeta. Las grandes potencias han tenido siempre su mirada puesta en el país de los faraones, ya que era la llave del dominio de la ruta del combustible.

INDEPENDENCIA DE EGIPTO

El protectorado británico (1882-1922) fue un largo periodo de convulsiones políticas y formación del nacionalismo egipcio. Para los británicos, Egipto era la llave que abría el camino a su joya más preciada, la India. Toda la política británica giró durante décadas alrededor de la protección de esta ruta. Por tanto, era imprescindible el control del Canal de Suez, construido por los franceses pero controlado financieramente por los británicos. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), los británicos fomentaron ampliamente el nacionalismo árabe, para así debilitar al Imperio Otomano, que estaba aliado con Alemania. Las intrigas de los espías británicos (con el famoso Lawrence de Arabia a la cabeza) dieron sus frutos. Una gran oleada de nacionalismo árabe acabó con el dominio otomano en Oriente Próximo. Pero con esta política, los británicos estaban poniendo las bases de la pérdida de su precioso protectorado, ya que el nacionalimo árabe también caló profundamente en Egipto. El partido nacionalista Wafd intentó la rebelión en varias ocasiones, sin obtener ningún resultado. Al ser un protectorado, los británicos mantenían un sultán títere. Por tanto, la inevitable independencia llegó con el nombramiento del sultán Fuad I como rey de Egipto. Por supuesto, se trataba de cambiar para no cambiar nada. El nuevo rey egipcio dejó en manos de los británicos las finanzas del país, las materias primas como el algodón, y el control del Canal de Suez. Las protestas de los nacionalistas egipcios contra el encubierto dominio británico eran continuas. Aunque el nuevo régimen se "vendía" en Europa como "Monarquía Constitucional" y sancionó una constitución en 1923, en la práctica el monarca (plegado a los intereses ingleses) controlaba el poder legislativo y ejercía el ejecutivo a través de los ministros que el mismo nombraba. Era una dictadura monárquica disfrazada de democracia, al estilo de la existente hoy en día en Marruecos. La pugna entre monarquía y nacionalistas de Wafd era cada vez más intensa, con protestas en las grandes ciudades del país (El Cairo y Alejandría). El ascenso al poder de Faruk I en 1936, no cambió la situación. Aunque el nuevo monarca logró el control de las finanzas egipcias, dejó el Canal de Suez en manos británicas y continuó la represión contra los nacionalistas egipcios. En las elecciones solo estaban presentes los partidos monárquicos y afines al régimen.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Egipto se convierte en una pieza clave de la lucha contra los alemanes, que fueron derrotados en las puertas del país (El Alamein). El papel de los egipcios durante este periodo fue muy oscuro. Aunque oficialmente el apoyo egipcio facilitó la victoria británica, se sabe de contactos entre nacionalistas egipcios y autoridades alemanas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el alejamiento de los británicos se hizo cada vez más palpable, agravado por el reconocimiento del Estado de Israel en 1948. Los egipcios, junto con otros países árabes, declararon la guerra al nuevo estado pero fueron derrotados.

REPÚBLICA EGIPCIA Y NASSER.

En 1952, una sublevación militar derrocó a la monarquía e instaló una república. Los participantes en esta rebelión eran militares hartos del dominio británico y muy ofendidos por el plegamiento de la monarquía a los intereses británicos. Entre todos estos militares, en seguida destacó Gamal Abder Nasser, convertido en presidente en 1953. Nasser es el gran héroe del Egipto contemporáneo, representante de una política de nacionalismo orgulloso para los egipcios, y uno de los grandes líderes del Mundo Árabe, quizá el único. El nuevo mandatario se ganó muy pronto la animadversión de europeos y norteamericanos. Apoyó el proceso de descolonización y la formación del Movimiento de Países No Alineados en la Conferencia de Bandung. Contó muy pronto con la simpatía de la Unión Soviética. Nasser planificó la construcción de la inmensa Presa de Asuán, para lo cual solicitó un préstamo del Banco Mundial. La presión británica provocó la negativa del préstamo. Como protesta, Nasser nacionalizó el Canal de Suez en 1956. Inmediatamente, franceses y británicos (accionistas mayoritarios del canal) atacaron Egipto con ayuda de Israel (Guerra de los Seis Días). La intervención fue un fracaso, excepto para los israelíes que ocuparon el Sinaí. Los europeos habían acabado como potencias imperialistas. Ahora el poder mundial se dirimía entre norteamericanos y soviéticos, y Egipto estaba en el medio de ambos. La popularidad de Nasser en el mundo árabe creció considerablemente después de enfrentarse a europeos e israelíes. El sistema político "nasseriano" convertió a Egipto en una dictadura populista de partido único. La popularidad del líder era incuestionable dentro y fuera de sus fronteras. Nasser se ganó el aprecio de las clases más desfavorecidas por la nacionalización de las riquezas egipcias y la amplia política social desplegada. A nivel internacional, Nasser fomentó la idea de la unión entre los países árabes. Fundó la República Árabe Unida junto con Siria y Yemen, que acabó fracasando. El partido Nasserista pasó a definirse como "socialista" y la nacionalización y planificación de la economía siguió su curso, aunque nunca se abandonó el capitalismo como sistema político. La gran obra de la presa de Asuán se finalizó en 1970, con el llenado definitivo del que sería conocido como "Lago Nasser". Ese mismo año fallecía Nasser de un ataque al corazón. El líder egipcio había demostrado que existía una vía de izquierdas en el nacionalismo árabe. Esta vía asustó a las potencias occidentales, que dedicaron las decadas siguientes a promocionar, subvencionar y sostener todo tipo de movimientos derechistas de carácter religioso para evitar esta vía. La consecuencia (el integrismo islámico) es algo que todos conocemos hoy en día. Un monstruo que fue pagado y alimentado por EEUU y Europa para evitar cualquier vía izquierdista en el Mundo Árabe que le acercara a la URSS.

DECADENCIA DEL NASSERISMO. ANWAR EL SADAT Y MUBARAK.

En 1970, Anwar el Sadat sucedió a Nasser. A pesar de pertenecer al mismo partido, carecía del carisma de su predecesor y maestro. Egipto se hallaba muy debilitado por la pérdida del Sinaí en manos de Israel. Progresivamente se alejó de la Unión Soviética y se acercó a Estados Unidos, que patrocinó los Acuerdos de Camp David con Israel en 1978. Estos acuerdos ponían el Sinaí y ambos lados del Canal de nuevo en manos egipcias. Pero a cambio, Egipto dejaba de jugar el papel de líder del mundo árabe que se había ganado con Nasser, pasando Sadat a ser considerado un traidor. Aunque fue galardonado con el premio Nobel de la Paz, Sadat murió asesinado en un desfile militar en 1980.

El sucesor de Sadat se llamaba Hosni Mubarak, y era el hombre de confianza de Sadat. Mubarak continuó el acercamiento a Estados Unidos que había iniciado su predecesor, con el apoyo a la Guerra de Irak y el mantenimiento de las relaciones con Israel. El país de las pirámides, con más de 80 millones de habitantes hacinados junto al Nilo, más de la mitad viviendo bajo el umbral de la pobreza, se conviertió en un polvorín. Los movimientos islamistas crecieron en Egipto como la espuma, sobre todo el histórico "Hermanos Musulmanes". Estos movimientos denunciaban el papel de vasallo que Egipto ejercía respecto a la política norteamericana. Los atentados contra intereses occidentales y el asesinato de turistas, se hicieron especialmente graves durante la década de los noventa. El sector turístico se resintió y Egipto vio desaparecer una de las entradas de dinero más importantes de su economía. Ante la amenaza integrista y la crisis por el descenso del turismo, Mubarak aumentó la represión contra los opositores a su régimen. Esta represión no sólo se dirigía contra los islamistas, también contra los partidos de corte liberal occidental o de izquierdas (comunistas). Mubarak colaboró ampliamente en la llamada "guerra contra el terrorismo", fotografiandose con George Bush en numerosas ocasiones. Washington consideraba a Mubarak un muro contra el integrismo islámico. A cambio, el dictador obtenía el apoyo de la primera potencia mundial. Mubarak ganó todas las elecciones que convocó, una tras otras, con mayorías apabullantes y candidatos opositores encarcelados.

En el año 2011, la revueltas en Túnez contra el dictador Ben Alí se contagiaron rápidamente a Egipto, jugando un papel especial las redes sociales como Facebook. El pulso del dictador contra la multitud que abarrotaba la plaza Tahrir (liberación) se saldó con miles de manifestantes heridos, algunos centenares de muertos y su exilio definitivo, una vez que fue abandonado por los militares egipcios, los que en realidad siguen ostentando el poder. La transición egipcia se torna oscura. La oposición está dividida entre los que desean una democracia occidental (principalmente la gente joven de las grandes ciudades) y los que buscan un régimen islámico ("Hermanos Musulmanes"). En la mente de todos, principalmente en la de occidente, está la deriva de la revolución iraní de 1978 hacia la teocracia. El permiso concedido a dos buques iraníes para cruzar el Canal de Suez, el primero en más de una década, ha hecho saltar todas las alarmas en los gobiernos occidentales. Ellos saben que quien controla el canal, controla el crudo y el poder estratégico de Oriente Medio. Por eso Egipto "no debería" estar en manos "no deseadas". Mubarak cayó como el último y patético representante de lo que fue el partido reformista del gran Nasser. Una vía izquierdista árabe que fue cercenada hace décadas y que hoy no tiene sucesor. Egipto podría derivar hacia una nueva dictadura, una "aparente democracia" dirigida por los militares, o un estado islámico que haría peligrar hasta las estatuas de los faraones.