viernes, 30 de diciembre de 2011

Historia
LA TRÁGICA FARSA DEL SANTO NIÑO DE LA GUARDIA
El 31 de marzo de 1492, pasó a la historia familiar de los judíos españoles o sefardíes como la fecha fatídica, triste e inolvidable de su "eliminación". El Edicto de Granada, Edicto de la Alhambra o simplemente Edicto de Expulsión, arrojaba a todos los judíos que no quisieran convertirse a la fe verdadera, fuera del reino de Castilla y León y la Corona de Aragón. Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, tenían tomada la decisión desde hacía tiempo, pero prefirieron esperar a la conquista de Granada. También dicen las malas lenguas, que el dinero que las comunidades judías aportaban "voluntariamente" para dicha conquista, era demasiado jugoso para dejarlo pasar. Una vez conquistada la ciudad andaluza, los judíos fueron conminados a dejar en un plazo de cuatro meses todos los reinos, excepto aquellos que aceptaran la conversión. La conversión al cristianismo no era ninguna ganga, ya que los "conversos" pasaban a ser sospechosos que eran espiados y perseguidos por la Inquisición. La inmensa mayoría prefirió huir a Portugal, Italia o África. Una decisión de este calado, contó con un mayoritario apoyo popular. Este apoyo se basaba en en el creciente antisemitismo de la población de la península desde el siglo XIII. Durante todo el siglo XIV y parte del XV, siglos de peste negra, los judíos fueron asesinados a millares. Acabaron siendo encerrados en las zonas más insalubres, estrechas y oscuras de la ciudad, con portones que debían cerrar cada noche. Esto garantizaba su seguridad, pero también evitaba el "contagio" de su fe a los cristianos. Este fue el auténtico motivo de su expulsión, el "contagio de su fe a los cristianos", como si de una enfermedad se tratara. Esta idea procede de las relaciones que judíos y conversos (antiguos judíos) mantenían. Muchos de los conversos seguían manteniendo relaciones familiares con sus antiguos compañeros de fe. Cualquier visita, contacto, celebración familiar... era vista como un intento de los conversos de volver al judaísmo, algo que en el lenguaje de la época se denominaba "judaizar". Por estas relaciones, cientos de conversos murieron quemados en la hoguera, acusados de "judaizantes". Por tanto, las autoridades eclesiásticas y los Reyes llegaron a la conclusión de que la única manera de evitar a los "judaizantes" era expulsar a los judíos, raíz de todos los males.
La mentalidad antisemita se había teñido de numerosas leyendas, aceptadas por todos, incluso por las autoridades. A los judíos se les acusaba prácticamente de todo: contaminar el agua, propagar la peste, violar cristianas, profanar cementerios, crucificar niños y comer carne humana, por citar sólo algunos ejemplos. El famoso caso del niño mártir de La Guardia, una pequeña aldea de Toledo, se considera el paradigma de estos falsos procesos inquisitoriales que enardecían la fe de los "cristianos viejos" a base de un criminal antisemitismo basado en hechos falsos. Para muchos fue un proceso claramente buscado y publicitado para enardecer los ánimos y lograr un apoyo unánime al edicto de expulsión de 1492.
En junio de 1490 fue detenido el converso Benito García. No se sabe el motivo de la detención (las denuncias a la Inquisición eran secretas), pero acabó confesando bajo tortura delitos tremendos. Confesó que, impulsado por Juan de Ocaña y otros conversos de la familia Franco, y ayudado por judíos, había realizado un sacrificio ritual de un niño cristiano. En total fueron ocho los acusados. Todos ellos fueron torturados y confesaron haber atraído al niño con engaños, haberle tenido preso en unas cuevas cercanas a La Guardia y, finalmente, haberle crucificado el Viernes Santo siguiendo el modelo exacto de la muerte de Cristo. Luego extrajeron el corazón y lo quemaron junto a una hostia consagrada. Esas cenizas debían ir al pozo del pueblo, ya que eran un poderoso veneno que mataría a todos los cristianos que bebieran de él.

El proceso inquisitorial de los acusados, celebrado en Ávila, duró casi un año (desde el 17 de diciembre de 1490 al 16 de noviembre de 1491), y fue el prolegómeno del edicto de expulsión. El tribunal consideró a los acusados culpables y los condenó a morir quemados vivos. Fueron ejecutados en una explanada a la salida de la ciudad amurallada. Algunos de los acusados tenían ingentes bienes, que fueron confiscados para el Monasterio de Santo Tomás de Ávila, que Torquemada estaba levantando a todo lujo con el dinero confiscado a judíos y conversos. En este monasterio aseguran que conservan una ilustre reliquia: parte de la famosa hostia profanada. Pero lo más famoso de este caso, que resulta completamente increíble y fruto de la superstición de la época, es que el niño no aparece identificado en todo el proceso. Nunca se encontró su cadáver, ni se denunció su desaparición. Hoy todos los historiadores, incluso la propia Iglesia Católica, consideran que ese niño nunca existió y que todo el proceso fue un fraude para preparar el ambiente de cara a la expulsión de los judíos. La leyenda se propagó rápidamente. Aparece en una obra escrita por Lope de Vega, y es citada por Gustavo Adolfo Becquer en un cuento. Se realizaron cuadros que exaltaban en martirio del niño, entre ellos el famoso fresco que decora una de las puertas de la Catedral de Toledo.



Lo más alucinante del caso, es que el municipio toledano de La Guardia sigue adorando al Santo Niño de la Guardia. El niño tiene una gran ermita a las afueras del pueblo. En ella hay numerosos exvotos de curación, ya que el santo infante es considerado milagroso. Según la superstición popular, el cadáver no apareció porque el niño resucitó y subió al Cielo, igual que Jesús.
Cuentan en el pueblo, que los nuevos aires del Concilio Vaticano II no fueron bien recibidos. A finales de los sesenta, el obispado envió un representante al pueblo para hacerles entender que ese niño no estaba beatificado por la Santa Sede, y por tanto no podía recibir culto. Al parecer, fueron tantos los insultos que tuvo que salir huyendo, entre gritos como "Viva el Santo Niño mecago en Dios". Esto podría ser un bulo, pero muestra la terquedad en seguir un culto que la Iglesia no reconoce. A pesar del no reconocimiento del beato, autoridades eclesiásticas y civiles, encabezadas por el alcalde, protagonizan cada septiembre la festividad del Santo Niño.
También resulta curiosa la visita que el expresidente de Israel, Itzhak Navón, realizó al pueblo en 1992. Iba acompañado de la televisión israelí, que realizaba un documental sobre el judaísmo en España, con motivo del quinto centenario de la expulsión. Las cámaras israelíes se llevaron de vuelta imágenes vergonzosas: gentes furibundas que no aceptaban ni siquiera la duda, acusaban a los judíos de asesinos que mataban niños y respondían de malos modos al entrevistador. Estas imágenes fueron emitidas en la televisión israelí, provocando un notable escándalo y dejando España a la altura de un país integrista del Tercer Mundo.
Por último, si alguien de La Guardia lee esto, que no se ofenda. No se trata de criticar sus fiestas. Se trata de denunciar una farsa que es negada por todos los historiadores y que forma parte de nuestra España más negra. Cada uno es libre de adorar a quien quiera, pero no puede seguir manchada la memoria de unos hombres cuyo único delito era no pertenecer a los "cristianos viejos".
Imágenes:
1. Grabado que representa el martirio del Santo Niño de la Guardia.
2. Monasterio de Santo Tomás de Ávila.
3. Vista de la Ermita del Santo Niño en La Guardia (Toledo).
4. Fiestas del Santo Niño en el año 2009 (fotografía: Enchin)

viernes, 23 de diciembre de 2011

ADIOS CESÁRIA


El 17 de diciembre de 2011 falleció la cantante Cesária Evora, nacida en Cabo Verde e intérprete universal. Cesárea vio la luz en 1941 en la misma localidad en la que murió, el pequeño pueblo de Mindelo en la isla de Sao Vicente. "Cise", como la llamaban cariñosamente, se crió cantando en la calle junto a su hermano. Alcanzó fama mundial por la calidez de su voz y la fusión de musica tradicional y blues que fue capaz de crear. Obtuvo un premio Grammy y la Legión de Honor francesa de manos de Jacques Chirac. Los habitantes de Cabo Verde lloraron su muerte. El presidente del país isleño, Jorge Carlos Fonseca, afirmó: "Cise es Cabo Verde. Con su marcha morimos todos un poco".